Brindar con sidra: Leé antes de decirle que no

A la hora de brindar, la sidra ocupa, por lo menos en la Argentina, un lugar alternativo, de poco interés: El espumante de peor calidad le suele ganar en preferencias. Y ni qué hablar fuera de la temporada del brindis, donde el interés por las manzanas fermentadas se diluye aún más. Todo muy injusto con una bebida que tiene exponentes de gran calidad en nuestro país y una tradición que merece rescatarse.

La sidra es una bebida muy popular en el norte de España, también en zonas de Francia y Gran Bretaña, asociada a la producción tradicional, la calidad y a las industrias regionales. En este lado del mundo nos corre el prejuicio. Desde el vamos, la consideramos como una bebida de baja calidad. La sidra más popularizada suele ser una bebida que se elabora a partir de un porcentaje de manzana fermentada y adicionada con pulpa de fruta y azúcar, con agregado de gas carbónico. Incluso muchas de las botellas de los estantes de los mercados que tiene aspecto de sidra se identifican como “bebida frutada gasificada”. O sea, no es sidra. La calidad también tiene su correlato en el precio, hay “sidras” a la venta que cuestan lo mismo que un litro de gaseosa, lo que puede resultar sospechoso para el sentido más puro de este producto, que para nada es un jugo de manzana.

Pero hay luz al final del túnel. Desde hace pocos años, hay en Argentina un par de bodegas tradicionales que tiene su sidra premium, bebidas de muy buena calidad a precios muy razonables. Incluso, si buscamos sin mucho esfuerzo en Internet podemos encontrar, asomando, un mundo de sidras artesanales elaboradas en Buenos Aires con jugos venidos de los valles, y que en muchos casos abastecen una tendencia que se sostiene: bares de Palermo y San Telmo venden sidra riquísima, salida de serpentina tal como la cerveza. También hay otras muy prometedoras para consumir en casa (y que aún no probé) elaboradas “al pie de los manzanos” en Río Negro, y en el Valle de Uco, Mendoza. Entre varios puntos, las diferencias entre una sidra artesanal y una industrial están en la selección paciente de las manzanas y el reposo en botella, que permite la maduración de la bebida, lo que le aporta varios compuestos aromáticos imposibles de lograr sin la ayuda del tiempo. El resultado de la fermentación arroja una graduación alcohólica que no supera el 5% en volumen, cercano a la mayoría de las cervezas.

Si nos decidimos a probar el brindis con sidra podemos llevarnos una decepción o relajarnos frente a la exigencia: Hay que dejar de lado la copa. La sidra de calidad no tiene una alta gasificación como los espumantes (si bien en España existen algunas llamadas “espumosas”) y por eso no requiere un recipiente aflautado. Más todavía, lo que requiere es un vaso ancho que permita verterse desde cierta altura para que golpeé en el base y “explote” al mezclarse con el oxígeno, lo que potenciará los compuestos aromáticos que, en caso de las manzanas, definen su sabor. Esto no es otra cosa que la tradicional “sidra tirada” y hasta existe una palabra específica para describir la acción: escanciar. Y lo importantes es servirla (escanciarla) de a poco, porque en caso contrario el chorro ya no podrá golpear contra el fondo de vaso y se perderá la interacción con el oxígeno.

Ahora agrego un poco de texto más porque no me gusta que un artículo termine con la palabra “oxígeno”. Desde Manduque, les deseo que pasen un feliz año nuevo y se cumplan todos sus deseos si es que tienen que ver con el bien común, la igualdad de géneros y la redistribución de riqueza. ¡Salud!

 

 



11 respuestas a “Brindar con sidra: Leé antes de decirle que no”

  1. Irene dice:

    Me encanta la sidra tirada.
    Es refrescante y sabrosa.
    Muchos la discriminan por ser una bebida dulce y posiblemente quedó relegada al brindis infantil. Lo cual es una barbaridad porque tiene alcohol.
    En El Federal, Celta Bar y La Poesía sirven una rica sidra tirada.
    Pero he probado en Breogham una variedad más frutada y deliciosa.
    Merece ser rescatada del brindis navideño para disfrutarla en cenas de verano.

  2. Iván Stepaniuk dice:

    El prejuicio pareciera empezar por casa, mezclando churras con merinas.

    “A la hora de brindar”, la sidra ocupa en Argentina un lugar alternativo y exactamente igual de privilegiado que en España para el tipo de sidra asociado al brindis, la espumosa de doble fermentación. Un producto de poca graduación y sobre todo muy barato en comparación al Champagne, Cava, Spumante, etc.

    Bebidas etiquetadas como sidra y de baja calidad también son populares en España y sobre todo en el norte de Europa y Reino Unido, en donde incluso se venden en lata a un precio que compite con la cerveza más barata.

    La sidra asturiana y otras sidras tradicionales de alta calidad no se asocian al brindis de las fiestas ni en Asturias ni en ningún sitio. Y se producen también sidras espumantes de gran calidad, pero ese es otro tema.

    Es muy interesante rescatar y adentrarse en la sidra tradicional, fresca, escanciada, pero la comparación del artículo es errada, sobre todo desde el aquí vs. allí, cuando el asunto es que la sidra espumante barata poco tiene que ver con la sidra tradicional de calidad, sea el país que sea.

    • Armando Doria dice:

      Gracias por tu comentario, Iván! Quizás no se haya entendido del todo bien. Lo que pretendí explicar es que las sidras de baja calidad son sometidas a procesos de carbonatación, donde se el incorpora gas carbónico externo y que, por lo tanto, no proviene de la propia fermentación de la fruta. Por otro lado, entiendo que existen, por lo menos en Asturias (y para nada en Argentina) sidras espumosas nacidas de un proceso de fermentación natural denominado “toma de espuma” y que incluso tienen DOP. O sea, existe sidra espumosa de calidad. Te mando un gran abrazo y un saludo de fin año! Seguimos en contacto.

  3. Liliana Haydée Perini dice:

    No tome nunca esas sidras de las que hablás…Pero me encantó tu párrafo final…Bribdo por lo mismo, con sidra o con champán!!!! Chin chin

  4. Anónimo dice:

    También hay sidra tradicional en el País Vasco. Recuerdo nomas llegar a San Sebastián y guiarme por el olfato hasta la plaza en dónde se celebraba la fiesta de la sidra. Mi sorpresa por la alfombra etílica que pisabamos y la atmosfera que aspirabamos dejo paso a una gran desilusión. La sidra que yo esperaba, dulce hasta el empalagamiento, con aires de infancia y que me habían enseñado a rechazar mis años aburguesamiento, era una bebida amarga finamente gasificada. No volví a ver un empedamiento masivo tan convencido y patriótico. Perdon por la herejía, pero no me gustó. Y eso que es lo único que tomé en cada una de las fiestas que siguieron.

  5. Nicolás dice:

    Excelente nota!!! Muy interesante!!! Con que deberíamos maridar una sidra dulce de buena calidad? quesos? Chocolate?

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